Son las 9 de la noche y la cenaduría está a reventar, las personas hacen fila y esperan su turno para poder degustar los platos típicos y el buen sazón de aquel lugar.
Al llegar se percibe aquel peculiar calor de cocina y se escuchan risas y platicas diversas llenando el local, hacemos la fila el pedido esta hecho y ahora la odisea de buscar un buen lugar. Las personas comen mientras algunos pasamos esquivando mesas y sillas para encontrar por fin 2 mesas vacías.
En una se colocan los adultos y en la otra los "niños" aquí estamos jóvenes de distintas edades, la platica comienza a surgir después de dos o 3 mordiscos, preguntas generales para temas comunes y después de unos momentos el resultado de intereses en común de mentes diferentes.
Y entre el ruido de las platicas externas a la mesa y manos moviéndose al rededor de la nuestra pasando la sal, servilletas y nuestros respectivos platos comienzan los recuerdos y mi boca no puede contenerse, las palabras salen precipitadamente trayendo consigo una sonrisa y felicidad que había olvidado.
Platicas de cenaduría que de fondo te hacen recordar por que te gusta aquello que estas haciendo, te recuerda esos momentos donde por segundos sentías que tocabas las estrellas y te hacían probar las mieles de tu profesión, recuerdos que se convierten en experiencias.
Y después de hablar por un rato y terminar satisfecho con tan amena conversación acompañada de una cena digna del sabor a pueblo y calor de hogar, notas lo rápido que la vida va, lo hermoso que es soñar y aún mejor recordando los sueños que has logrado ya motivándote a luchar por llegar exitosamente a los demás.
Y todo esto solo fue una breve y entrañable platica de cenaduría.
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